Algenex fabricará vacunas anticovid a partir de Crisálidas

MADRID-Agosto 2020. Entre otras muchas lecciones, la pandemia por Covid-19 ha puesto en evidencia la dependencia que España tiene del mercado internacional para la producción de vacunas. De momento, aquí no hay fábricas de vacunas humanas, aunque este panorama podría cambiar pronto. Varias compañías de fabricación de vacunas veterinarias están transformando sus plantas de producción para una eventual fabricación de viales de la futura inmunización humana contra el coronavirus. La empresa madrileña Algenex es una de ellas. Y ya se prepara para producir millones de dosis gracias a su tecnología basada nada menos que en los capullos de la oruga de la col.

«Las crisálidas contienen millones de células en perfectas condiciones fisiológicas que pueden ser utilizadas para producir dentro de ellas la proteína recombinante que se utilizará para formular las vacunas», explica José Escribano, director científico de Algenex y cofundador de la compañía junto a Covadonga Alonso. La empresa, fundada en 2005, está especializada en la producción de proteínas a través de las crisálidas del lepidóptero Trichoplusia ni (la oruga de la col) tanto para la fabricación de vacunas veterinarias, como para moléculas terapéuticas y reactivos diagnósticos. Hasta ahora, la compañía ha tenido su sede en uno de los campus de la Universidad Politécnica de Madrid, pero dará el salto a la producción de vacunas humanas a la vez que se mueve a unas nuevas instalaciones en Tres Cantos en las que ha invertido 1,2 millones de euros y que le permitirán producir antígenos para formular más de 50 millones de dosis vacunales al año. La construcción de esta planta comenzó en febrero, y está «totalmente equipada para producir lo que ninguna compañía de España hace de momento: el antígeno que forma parte de la vacuna».

Uno de los puntos fuertes de la empresa es que utiliza la tecnología CrisBio, que consigue superar algunos de los escollos fundamentales que plantean los modelos clásicos de producción de vacunas. «Nuestra tecnología –señala Escribano– permite el empleo de cualquier baculovirus como vector para producir una vacuna, pero en lugar de utilizar células en cultivo y en biorreactores nosotros usamos el hospedador natural de ese baculovirus en la naturaleza, las crisálidas, que contienen millones de células en perfectas condiciones fisiológicas que pueden ser infectadas por el vector baculovirus y producir dentro de ellas la proteína recombinante que se va a utilizar para formular las vacunas».

Prescindir de los biorreactores es la clave para poder hacer una producción a gran escala, una cuestión imprescindible para responder a una pandemia como la actual.

La nueva planta de Algenex tiene capacidad para producir el antígeno necesario para generar unas 50 millones de dosis al año, «y con una inversión de medio millón de euros más podemos duplicar esta producción», comenta Escribano. Así, explica que «una pareja de mariposas deposita mil huevos, a partir de los que acabamos obteniendo mil crisálidas (nuestra unidad de producción); si hacemos eso en tres ciclos reproductivos del insecto se pueden generar 250 millones de crisálidas en unos 2,5 a 3 meses».

Para ello, sólo hay que aumentar la capacidad del insectario, algo relativamente barato y fácil de implementar, según el fundador de Algenex. «Al ser tan simple y eficiente, nuestra tecnología reduce los costes de producción, lo que hace que las vacunas puedan ser mucho más accesibles. De hecho, el precio en el mercado de vacunas veterinarias de última generación nunca superaría un euro; nosotros producimos las dosis vacunales por céntimos, lo que permitiría hacer vacunas que incluso se pudieran emplear en países en vías de desarrollo. Es decir, toda esa simplificación y robustez de la tecnología nos permite obtener vacunas a un precio totalmente competitivo frente a otras tecnologías que requieren una inversión muy alta, ya que los costes de producción de los antígenos son muy elevados, como ocurre con muchas de las vacunas que están más avanzadas frente al SARS-CoV-2».

Escribano pone como ejemplo el coste medio de producir 50 millones de vacunas frente a la gripe mediante tecnología antigua, que también utiliza un organismo natural –huevos embrionados– y que requiere la inversión en una factoría por encima de los 50 millones de euros, sólo en equipamiento. «En nuestro caso, producir la misma cantidad nos cuesta aproximadamente 1,5 millones de euros de inversión».

No obstante, la gran ventaja de la tecnología de Algenex es el tiempo de implementación: «Nuestra tecnología es totalmente modular y los procedimientos de manipulación de los organismos que utilizamos para producir están robotizados, con lo cual el escalado no es limitante. Trabajamos con bandejas de plástico desechables en las que se depositan las crisálidas, compatibles con los robots de inoculación. Cada una de esas bandejas es muy simple, tiene 160 crisálidas y produce el equivalente a más de dos litros de un biorreactor, lo que significa que con dos incubadores del tamaño de una nevera con un coste inferior a 25.000 euros podríamos producir lo mismo que un biorreactor de 1.000 litros, que requiere una inversión de millones de euros». Además, hay una importante ventaja también en términos de seguridad porque «el insecto en el que producimos no soporta la multiplicación de ningún patógeno que afecte a mamíferos, ni animales ni humanos, con lo que el producto final que obtenemos ofrece la garantía de no tener ningún contaminante peligroso para el receptor de las vacunas».

La factoría a la que Algenex se trasladará pronto se comenzó antes de la pandemia y se dimensionó acorde a la capacidad de suministro necesaria para las empresas licenciatarias de vacunas veterinarias que tiene en la actualidad. Pero, con pocos cambios, en esas instalaciones «se puede multiplicar la productividad de manera sencilla, por lo que, si una eventual vacuna frente al Covid-19 se desarrollara en nuestra planta sería fácil aumentar la capacidad de producción hasta cualquier nivel». De momento, precisa, «tenemos ya una vacuna veterinaria en proceso regulatorio, en colaboración con la italiana Fatro, que eventualmente se aprobará en el primer trimestre del año que viene, y acuerdos de licencia para desarrollar al menos tres vacunas más». Esa primera aprobación regulatoria que Algenex espera para comienzos de 2021 sería la que «abriera la puerta a la pro- ducción de vacunas humanas».

En este punto de la pandemia, la compañía hace un llamamiento a la industria farmacéutica y a los poderes públicos españoles para aunar esfuerzos y construir una plataforma tecnológica de producción industrial de vacunas. El objetivo–dice Escribano– es «garantizar el autoabastecimiento de vacunas para la población española y contribuir a paliar futuras pandemias».

Esta plataforma abarcaría la investigación sobre el conocimiento del virus, y su abordaje terapéutico y preventivo, «con la capacidad de producción a gran escala ante una situación de emergencia como la actual, de forma eficiente y que pueda dar servicio a empresas de diagnóstico y fabricación de vacunas. La plataforma contribuiría también a hacer frente a situaciones como la gripe estacional, para la que se necesitan millones de vacunas todos los años y cuya producción está en manos de un número reducido de empresas internacionales». Para cumplir este objetivo, Algenex pone a disposición su tecnología.

Algenex aportaría la capacidad de I+D para desarrollar los antígenos y la capacidad productiva que, en colaboración con una empresa farmacéutica consolidada, le permitiría hacer la formulación y el acabado final.

Puede ser el momento propicio para la apuesta, continúa Escribano, porque, aunque tradicionalmente las agencias reguladoras son bastante conservadoras a la hora de aceptar nuevas tecnologías que permitan producir vacunas de manera más eficiente, y tardan mucho en implementarse las nuevas tecnologías para generar producto en el mercado, la situación ha cambiado radicalmente a raíz de la crisis por el coronavirus, y ahora las agencias ofrecen una respuesta más rápida y están más abiertas a utilizar tecnologías que no tienen ningún producto en el mercado –y aún no están validadas–, como las vacunas de RNA o de adenovirus, por ejemplo, que son las que están en fases clínicas más avanzadas en la carrera por la inmunización frente al SARS-CoV-2.

De cara al futuro, Escribano avanza que la compañía está «en conversaciones avanzadas con un grupo industrial español que se asociaría con nosotros para producir la vacuna de Covid-19». Algenex tiene tres formulaciones que va a probar en animales en septiembre. «Tanto nosotros como el grupo industrial –cuyo nombre aún no se puede hacer público– ofertaremos también la plataforma para que empresas farmacéuticas como GSK, Sanofi o Novavax, por ejemplo, puedan producir en ella con el baculovirus que ya han desarrollado y probado en ensayos clínicos».

Para promover la plataforma y validar sus intalaciones, la biotecnológica española estará en estrecho contacto con el Gobierno y con la Agencia Española del Medicamento (AEMPS). Procesos similares se han llevado a cabo con gran rapidez en Estados Unidos, por ejemplo, logrando la financiación de una parte importante por parte del Gobierno norteamericano, explica Escribano.

En España, lo que la compañía espera es que la AEMPS y la Agencia reguladora europea (EMA por sus siglas en inglés) validen la tecnología para producir vacunas y asesoren a Algenex si hay que mejorar algún punto del proceso de producción. «Estaría bien si, además, hubiera alguna financiación por parte del Estado, pero si no la hubiera la buscaremos en la UE», adelanta.

Apostar ahora es apostar por el futuro frente a diferentes tipos de patógenos. «Tendríamos capacidad de fabricación de vacunas frente a la Covid-19, a la gripe, al papilomavirus y a otros virus, que acabaría con los esquemas anteriores de producción convencional», reivindica el director de Algenex.

«Hoy en día, estamos muy lejos de poder competir tecnológicamente con algunas multinacionales que producen vacunas humanas en plantas fuera de España, y que son las que han respondido de forma rápida en la situación de crisis actual», lamenta Escribano, quien reclama que es el momento de cambiar esa situación y colocar al país a la cabeza en esta área de investigación, que es fundamental.

A mediados del mes de julio, el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, aseguró que España podría convertirse en «un suministrador de vacunas para el mundo». Duque añadió que España «tiene en la actualidad varios candidatos españoles a vacuna, de los cuales 5 –podrían ser unos cuantos más en breve– están ya en periodo de pruebas». Es el momento de intentarlo, concluye Escribano.

Fuente: El Mundo